El próximo jueves se va a difundir la inflación oficial correspondiente al mes de marzo. Todo hace pensar que la cifra que publique el INDEC va a ubicarse entre el 3 y el 3,5%. Los aumentos en los alimentos, las tarifas reguladas por el Estado y los aumentos en educación son los principales responsables de este porcentaje que supera por lejos los deseos del Gobierno Nacional.

En tan solo tres meses la inflación consumió casi el 50% de la meta establecida. En el presupuesto 2018 estaba contemplada una inflación del 10% con márgenes entre el 8 y el 12%. Dados los magros resultados en la lucha contra los precios, a comienzos del año el ministro Dujovne en conferencia de prensa “recalibró” la tasa y la ubicó en el 15%. La realidad muestra que no alcanzó con dicha modificación.

Para el gobierno, ganar esta lucha es uno de los principales objetivos a cumplir, pero claramente no encuentran el modo. El fracaso de las medidas antiinflacionarias tiene su concepción en su diagnostico errado por el hecho de que los funcionarios sostienen que la causa radica en el déficit fiscal que obliga a emitir dinero para financiarlo. La inflación en argentina es multicausal, la emisión monetaria puede ser un factor, pero los elevados costos de producción, la oferta limitada, la baja productividad y la demanda que alcanzó uno de los niveles más altos de la historia también son condicionantes del aumento sostenido en los precios.

No lograr reducir la inflación impacta directamente en el tipo de cambio, presionando al alza de su cotización y obligando al BCRA (a pesar de mantener un tipo de cambio flotante) a liquidar reservas para contener su precio.

Por otra parte, las tasas elevadas de interés perjudican el buen funcionamiento de la demanda agregada. Con respecto a las inversiones, ningún empresario va a decidir una inversión en bienes de capital que ofrezca un retorno por debajo del costo de financiamiento. Por lo tanto, bajo esta estructura de tasas, la economía no puede crecer vía inversión como vienen sosteniendo desde altos sectores del gobierno. Con respecto al consumo, la tasa de interés frena la demanda de bienes durables porque impide la financiación (o por lo menos hace que las personas piensen dos veces antes de utilizar el crédito).

El gobierno se encuentra en una situación difícil ya que, de bajar las tasas de interés, los tenedores de bonos argentinos van a tender a dolarizar sus carteras. Esto va a generar una presión alcista del tipo de cambio, que como todos ya sabemos, va a repercutir nuevamente en la inflación echándole nafta a los precios.