La actividad económica mundial se está desacelerando cada vez más debido a los perjuicios producidos por el brote del coronavirus. Como consecuencia de la pandemia, el consumo tiende a disminuir y la demanda de los mercados cae drásticamente. Asimismo, las compañías aéreas han restringido vuelos alrededor del mundo, lo que acarrea una merma importante del turismo y de la demanda generalizada de bienes y servicios, desfavoreciendo de esta manera a los comerciantes y a la industria en general.

Como era de esperarse, la demanda del petróleo bajó de forma considerable por primera vez desde el 2009, según informó la Agencia Internacional de la Energía (AIE). China, el mayor importador petrolero y, a su vez, el principal afectado por el coronavirus, frenó circunstancialmente sus transacciones con los exportadores.

Así, los países petroleros debieron tomar medidas regulatorias extremas para asegurar sus ventas, sin que la oferta superase a la demanda. La Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), encabezados por Arabia Saudita, se reunió con sus socios, entre ellos, Rusia, para llegar a un acuerdo sobre los precios del petróleo en función de la demanda y, como medida adicional, se propuso la reducción de 1,5 millones de barriles por día para recuperar el valor original. El consenso fue denegado por Moscú, que, para perjudicar a Estados Unidos, no autorizó la caída de los precios en su producción. Pero la OPEP optó por su táctica de negociación de bajar los precios del petróleo a pesar de la oposición de Rusia, y espera que este último, perjudicado con la medida, sea el próximo en ceder.

El petróleo estadounidense West Texas (WTI) registró un desplome hasta llegar a 31 dólares por barril, mientras que el crudo tipo Brent, el precio de referencia de Argentina, cayó a los 33 dólares por barril, su precio más bajo desde 2016. Esta caída, según informó la agencia Bloomberg, es la más profunda desde la guerra de Estados Unidos en Irak en 1991.

Con los valores tan bajos, a las empresas mundiales se les dificulta invertir en extracción, ya que, en caso de hacerlo, no podrían recuperar el dinero. Además, el efecto en los mercados petroleros es particularmente grave porque impide circular personas y bienes, contribuye a la limitación turística y, en consecuencia, la actividad económica queda estancada.

En Argentina, el desarrollo de la principal empresa de yacimientos, Vaca Muerta,  se hace inviable ya que el precio del Brent no llega a cubrir los costos de producción y, para su sustento, necesita la perforación constante de pozos. Aun así, el precio del combustible continuará siendo el mismo porque, si llegase a bajar, complicaría todavía más la recaudación de las empresas petroleras y a Vaca Muerta.